La mejora del equilibrio mental gracias a la actividad física es un proceso fisiológico objetivo que además genera relajación y felicidad.
La actividad física, pues, es un medio para conseguir bienestar, equilibrio mental, serenidad y mayor rendimiento cognitivo.
En el post de hoy veremos el porque. ¡Empezamos!
El vínculo entre movimiento, cerebro y adaptación neurofisiológica
El cerebro humano trabaja incesantemente respondiendo a todos los estímulos que percibe y, en este proceso continuo de adaptación y supervivencia, integra en las actividades motoras las capacidades cognitivas.
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La neurociencia, gracias a sus innumerables investigaciones, demuestra como la actividad física es igualmente favorable, tanto para nuestra estructura como para el corazón y el cerebro.
No solo mejora nuestros sistemas (cardiovascular, inmunológico, nervioso, bioquímico etc.) sino que repercute directa y positivamente en nuestra esfera neuronal, beneficiando nuestra capacidad de aprendizaje y nuestro estado de ánimo.
Sus efectos favorables se aprecian sea cual sea nuestra edad y condición física y mental.
Ejercicio físico: por qué la intensidad no es tan importante como la constancia
Practicar ejercicio no se traduce en tener que hacer una actividad extenuante para lograr beneficios
El bienestar no es una cuestión de intensidad sino más bien de continuidad y adaptabilidad a las necesidades personales en el momento presente.
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Un cambio en el estilo de vida implica un cambio mental. La mejora de uno conlleva la mejora del otro.
ayudarla a identificar su objetivo para que éste sea alcanzable y medible;
guiarla para que tome conciencia del estado en que se encuentra tanto física como anímicamente;
impulsar el cambio de estado mentalpara que la persona pueda apreciar su propia transformación.
La actividad física, en su inmensa variabilidad, no es solo una actividad motora o cardiovascular, sino que un proceso interno gracias al cual puede cambiar nuestra forma de vernos y de ver y vivir todo lo que pasa en nuestra vida.
Cómo la actividad física transforma nuestra percepción y estilo de vida
Sentirse bien hace que cambiemos nuestra forma de pensar, de relacionarnos, de aprender, de trabajar, de actuar, de alimentarnos, en una palabra de cuidarnos. Lo bueno que hacemos para nosotros mismos lo haremos automáticamente para los demás.
Pensar sentado en el sofá no es lo mismo que pensar mientras practicamos una actividad física que además nos gusta!
La vida no se piensa, la vida se vive. La calidad de la vida depende de la calidad de nuestros pensamientos y del tiempo que destinamos a ellos, en lugar de actuar o sentir lo que vivimos.
Está científicamente comprobado que la actividad física ayuda a producir endorfinas, las cuales son capaces de inhibir el dolor, disminuir los estados de ansiedad, fortalecer el sistema inmune y modular el apetito, entre otras. En general, podemos afirmar que son las responsables de nuestra calidad de vida.
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Al menos un 60% de la población mundial no realiza la actividad física necesaria para obtener beneficios para la salud.
«A nivel global, el 20,8% de los niños y niñas estudiados padece algún tipo de trastorno mental que afecta a su vida cotidiana, a la de sus pares, familiares y educadores. «[1]
Estrés, presión y desconexión emocional: qué nos impide cuidarnos
Una vida basada en el deber hacer (tareas, colegio, horarios, deberes, cumplir, competir, estrés, presión…) resta tiempo y energías.
Cualquier persona la cual se verá sometida a tal ritmo/tipo de vida, antes o después, no se verá en las condiciones de poder dedicar tiempo a si misma y a lo que siente, y simplemente ser, abrirse a dar/se y recibir/se.
Esto provoca un estado de estrés y frustración y dificulta o bien imposibilita crear un estilo de vida saludable bajo todos los aspectos. Es necesario parar un momento y hacer una reflexión muy seria acerca de nuestro estilo de vida. ¿Lo que sacrificamos para ‘tener’ determinadas cosas y/o relaciones y/o trabajo y/o hábitos, o en general la forma en que estamos viviendo nos aporta o nos resta calidad de vida? ¿Vivimos o sobrevivimos? Según cual sea la respuesta de cada uno, actuemos…
Liberando endorfinas…
La actividad física se ha convertido en uno de los caminos más eficaces y naturales para recuperar el equilibrio mental, aliviar la ansiedad y fortalecer el bienestar emocional.
No se trata de entrenar hasta el agotamiento ni de seguir rutinas extremas; lo verdaderamente transformador es la constancia, la escucha del propio cuerpo y la conexión profunda entre mente y movimiento.
Cada vez que nos activamos, nuestro organismo libera endorfinas, esas moléculas capaces de elevar el ánimo, disminuir el dolor y reforzar nuestras defensas. Son pequeñas dosis de bienestar que el cuerpo produce por sí mismo y que nos recuerdan que movernos es una necesidad, no una obligación.
Sin embargo, el ritmo acelerado de la vida moderna y el sedentarismo creciente han reducido nuestra capacidad de autocuidado.
Vivimos atrapados entre responsabilidades, pantallas y urgencias que nos empujan a desconectar de lo que sentimos. Por eso, introducir movimiento consciente —aunque sea en pequeñas dosis— es esencial para recuperar la salud, la claridad mental y el equilibrio perdido.
Cuando hacemos del ejercicio un hábito cotidiano, algo cambia en nosotros.
No solo se transforma el cuerpo: también nuestra forma de pensar, de sentir, de relacionarnos y de vivir. Un estilo de vida activo nos devuelve energía, serenidad y presencia, y con ello mejora la calidad de vida en cada una de sus dimensiones.
[1] Fuente: Wiles NJ, Jones GT, Haase AM, Lawlor DA, Macfarlane GJ, Lewis G. Physical activity and emotional problems amongst adolescents. A longitudinal study. Soc Psych Psych Epid. 2008; 43(10):765-72