No sé cual es tu historia, pero la de muchos padres es la de tener hijos tiranos…
Javier Urra es Dr. en Psicología Clínica y Forense, autor de El pequeño dictador (un bestseller en tema de educación), es experto en educación y relaciones familiares.
El trabajo de Urra se centra en cómo ayudar nuestros hijos a no caer – o bien a salir – de la espiral de la violencia, sea física como verbal o psico-emocional.
Un niño dictador no nace, se hace.
” Su principio filosófico es primero yo y después yo. Cree que el mundo gira a su alrededor, no se pone en el lugar del otro y empieza por insultos, rompe objetos y puede llegar a agresión física. Lo que hace es machacar al otro de una u otra forma ”.
Urra explica además que esta actitud es un bumerán: “daña al otro y se vuelve contra sí mismo aunque el deseo de estos niños es querer sin saber cómo”.
¿Por qué es tan difícil corregir e impulsar el cambio de actitud?
Cualquier cambio que implique su pérdida de poder, su dominio, conlleva tensiones en la vida familiar; el niño se vive como difícil, se deprime o se vuelve agresivo. Las pataletas, los llantos, sabe que le sirven para conseguir su objetivo. Es un niño caprichoso, consentido, sin normas, sin límites, que impone sus deseos ante unos padres que no saben decir no.
En otros casos, el hijo o hija entra en contacto con la droga y es a partir de ahí cuando se muestra agresivo/a. Algunos hijos utilizan a sus padres como “cajeros automáticos”, los chantajean, o manifiestan un gran desapego hacia sus progenitores.
Tipología de hijos tiranos y patrón psicopatológico
- Hedonistas-Nihilistas (“egoístas“): el más amplio en número. Su principio es “primero yo y luego yo”. El no cumplimiento de sus exigencias supone un altercado que acaba en agresión. En gran número no realizan ninguna actividad educativa o formativa.
- Patológicos: por una relación amor-odio madre-hijo o por problemas con las drogas, lo que les impulsa, en muchos casos, a robar en casa para comprar sustancias psicotrópicas.
- Violencia por aprendizaje: menores que han vivido situaciones de maltrato entre los padres o han sufrido de pequeños maltratos en su propio cuerpo, junto con la falta de control de los padres con pautas educativas poco coherentes o inestables. En la adolescencia, cuando su edad y físico lo permiten, “imponen su ley” tal como la han interiorizado.
La tiranía se convierte en hábito o costumbre que va en aumento. Las exigencias cada vez mayores obligan necesariamente a decir un día NO, pero esta negativa no es comprendida, pues en su historia vivida no han existido topes, ni aceptada.
¿Dónde residen las causas?
Ha calado de forma equívoca el lema “no poner límites” y “dejar hacer”, impidiendo una correcta maduración.
Existe una falta de valores básicos en los medios de comunicación, y primordialmente a la televisión, donde es incuestionable que el exceso de actos violentos, muchas veces sexuales, difuminan la gravedad de los hechos.
Las funciones parentales clásicamente definidas se han diluido, lo cual es positivo si se comparten obligaciones y pautas educativas, pero resulta pernicioso si hay un cierto abandono con desplazamiento de responsabilidades.
¿Cómo prevenir y/o solucionar el problema?
“Lo primero que le trasladaría a un niño es seguridad, lo segundo es ‘te quiero, y porque te quiero te pongo límites’, te enseño la solidaridad y es a partir de que lo importante no es el yo, es el nosotros que cambia tu mentalidad. Así es imposible que un chaval se vuelva contra los demás”.
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Fuentes: Gestionadohijos.com; Javierurra.com
Imágenes: Shutterstock.com; imagen destacada: Gettyimages.com
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Revisiones y aportaciones: Vittoria Veri Doldo ~ Health Coach
Bibliografía: “El pequeño dictador: cuando los padres son víctimas. Del niño consentido al adolescente agresivo” y “Educar con sentido común” - Javier Urra
La causa principal-que no exclusiva- del fenómeno de maltrato de hijos adolescentes y mayores de edad a padres es sencillamente que pueden hacerlo y les da la gana.
La sociedad se organiza para que los profesionales prolonguen sus tratamientos pues viven de ello y ni ellos ni los jueces protegen a los padres porque no saben hacerlo ni interesa en serio pues viven de ello.
Poco importa que los padres se amarguen y/o se suiciden si , aunque sean mayores de edad nos obligan a aguantarlos en casa porque el estado impone que le pases una manutención y sólo los que tienen posibles económicos lo pueden hacer. EN REALIDAD ESTA PREPARADO PARA QUE CADA PALO-PADRE, AGUANTE SU VELA-HIJ@ .
Si el hij@ es medianamente list@ aprende a machacarte a diario con violencia sicológica de “baja intensidad” y , como las RGIs no son hasta los 23 y , si siguen estudiando, hasta los.28???…el estado permite a los afectados enfermar y morir de pena ; tienes que callar porque hablar para que te acompañen en el sentimiento sin poderte aytudar o que intervengan buenistamente ellos para “concienciarle” y resulta que aprende a darse cuenta de tu impotencia para tomar medidas y pasen a decirte: “échame de casa si tienes huevos”
Estimado Juan, primero agradecerte el haber compartido parte de tu historia con tanta verdad… Lamento la situación en la que se encuentra tu familia y que, hasta según escribes, no has podido encontrar la ayuda que necesitas. Los hijos retan constantemente los padres, provocan reacciones y reprochan algo no declarado que es difícil entender y, de ahí, solucionar. Poco más puedo añadir excepto que espero que puedas encontrar pronto alguna manera para recibir el suporte que se te debe y empezar a ver más luz en la situación que padece tu familia. Ojalá este espacio pueda ser de ayuda también, fuese solo para distraerte. Un fuerte abrazo Juan y muchas gracias por tu valentía. ¡Ánimo!
Estoy de acuerdo con el diagnóstico que hace el señor Urra del problema y, tal vez por ello mismo, sufro más la imposibilidad de arreglarlo pues no hace caso y sigue haciendonos y haciéndose daño ya que el diagnóstico y la solución son cosas bién diferentes. Tengo entendido que el señor Urra además de comunicar muy bién y escribir libros tiene una clínica cerca de Madrid que nos resulta inaccesible desde el la distancia física y por razones económicas.