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Hipervigilancia corporal: cómo la mente maneja el dolor

hombre mirando con una lupa

La hipervigilancia corporal es un estado psicológico caracterizado por una atención excesiva y constante hacia las sensaciones físicas, las emociones, los pensamientos y el entorno.

Aunque puede surgir como una reacción normal ante el estrés, se convierte en un problema cuando aparece sin una amenaza real y afecta la calidad de vida.

La hipervigilancia corporal afecta múltiples áreas: desde el ámbito físico (tensión muscular, taquicardia, mareos) hasta el emocional (miedo constante, sensación de amenaza), pasando por lo cognitivo (pensamientos catastróficos), lo conductual (evitación) y lo social (dificultades para relacionarse o confiar).

La buena noticia es que ¡este estado no es permanente!

La hipervigilancia es un patrón aprendido y, por lo tanto, puede desprogramarse, especialmente cuando se trabaja con el origen del trauma o la creencia que sostiene el miedo.

En el post de hoy nos centraremos en comprender por qué aparece, cómo se mantiene y qué herramientas existen para sanarla. Esto es fundamental para recuperar la calma, la claridad mental y la sensación de seguridad en el propio cuerpo.

¿Qué es la hipervigilancia y por qué aparece?

La hipervigilancia corporal es una forma de ansiedad que nos pone en estado de alerta ante un posible acontecimiento que no queremos vivir.

Para muchas personas, este exceso de alerta se convierte en un círculo vicioso: cuanto más observan su cuerpo, más síntomas perciben, y cuanto más síntomas perciben, mayor es la ansiedad que experimentan.

La mente, pues, estará pendiente de cualquier cambio no solo físico, sino también cognitivo, motor, emocional y sensorial.

Es cierto que la hipervigilancia puede aparecer en cualquier contexto y estar asociada con algún tipo de preocupación. Por lo tanto se puede considerar una reacción normal que todos podemos tener cuando vivimos algún episodio de estrés.

Cuando la hipervigilancia deriva de experiencias o episodios traumáticos, éstos causan que, durante un tiempo prudencial, se viva en constante estado de alerta por miedo a que ese evento o experiencia se repitan (por ej. un robo o una agresión o bien una simple caída).

En situaciones normales, al superar el efecto traumático del suceso, la hipervigilancia va desapareciendo.

¿El miedo al dolor puede hacernos enfermar?

mujer aterrorizada

Tanto la ansiedad como el estrés asociados a la hipervigilancia pueden causar que creemos una enfermedad (sea física y/o emocional), sin que la misma exista.

La idea que tenemos del dolor físico y del sufrimiento emocional es de algo malo que debemos evitar a toda costa.

Esta idea causa que nuestra mente no pare de trabajar para tratar de defendernos de cualquier amenaza susceptible de causarnos dolor o sufrimiento.

Tal estado psíquico provocará a su vez un estado emocional ansioso y catastrofista, que nos mantendrá agarrados a una idea de dolor, independientemente de si este se produzca o no.

La hipervigilancia pues es el resultado de un miedo aprendido que nuestra mente protege y cultiva para garantizar nuestra supervivencia.

La alerta es tal que hasta puede causarnos que el dolor o el sufrimiento se cronifiquen.

Ahora bien, como explicábamos anteriormente, es obvio que si sufrimos un traumatismo que nos causa dolor (ej. un resbalón en la ducha que causa una lesión en el tobillo), automáticamente generaremos una sobre-preocupación y/o ansiedad, y trataremos de evitar cualquier movimiento para protegernos de más dolor o inflamación. Esto por lo menos al principio.

La relación entre trauma y estado de alerta constante

¿Qué puede pasar en estos casos?

Que aún cuando el cuerpo sigue su proceso de curación y nos vamos recuperando del traumatismo, nuestra mente se mantiene centrada en la búsqueda de cualquier mínima molestia. Su objetivo es continuar evitando el movimiento o la acción que, potencialmente, podría seguir causándonos dolor.

Lo mismo ocurre en situaciones traumáticas que nada tienen que ver con el dolor físico, sino más bien con el sufrimiento pisco-emocional.

Si he vivido relaciones traumáticas (filo parentales, de pareja, profesionales, sociales etc.), la hipervigilancia hará que, con cualquier persona que intente acercarse, hipervigilaré todos sus movimientos a la espera de que algo parecido a lo ocurrido en mi pasado se repita.

En muchos casos, la tendencia es evitar la relación con esa/s persona/s o contexto/s por miedo a sufrir. O bien cargarnos la relación o la situación, actuando desde la idea catastrófica causada por el recuerdo del sufrimiento enquistado en nuestro pasado.

Básicamente es como si re-creamos un dolor o un sufrimiento aún cuando ni uno ni otro existen.

La afectación en estos casos abarca todos los ámbitos de nuestra vida: cognitivo, conductual, físico, motor, emocional, social.

Tratamientos eficaces para reducir la hipervigilancia corporal

Según el psicólogo Antonio Cano Vindel, «el dolor inventado puede ser casi invencible«.

Maticemos…

Piensa en una persona hipocondríaca. Su razón de existir es encontrar constantemente una causa de angustia por un mal potencial y buscar con afán extremo una cura.

Esta actitud provoca que cualquier sensación que tenga o acontecimiento que viva sea interpretado de una forma tendencialmente catastrófica (‘me duele la cabeza=será un tumor cerebral; ‘si voy a jugar al tenis podría tener un infarto con tanto correr’; ‘viajar en coche no es seguro porque puede producirse un accidente que me deje parapléjico’). Las hipótesis mentales se convierten en realidades posibles rápidamente.

La angustia que vive la persona hipocondríaca es tal que, aún frente a sensaciones que nada tienen que ver con una enfermedad real, su mente empieza a provocar reacciones bio-químicas y orgánicas que pueden derivar en un malestar real (desde sudoración profusa a taquicardia o ataques de pánico; vómitos y diarrea etc.).

El estado que causa la hipervigilancia es el resultado de una creencia errónea o descontextualizada que, como tal, puede resolverse con la identificación de lo que la ha originado, reprogramando el sesgo cognitivo asociado.

¿Y qué quiere decir eso?…Lo vamos a ver a continuación

Romper el ciclo de la hipervigilancia es posible

Un sesgo cognitivo es un error automático de pensamiento que hace que interpretemos la realidad de forma distorsionada. Es una especie de “atajo mental” que usa el cerebro para tomar decisiones rápidas, pero que, a veces, nos lleva a conclusiones incorrectas o poco objetivas.

Para reprogramarlo, pues, podemos:

  • trabajar con la mente para volver al momento del trauma originario;
  • ver que la mantiene enganchada a ese suceso;
  • analizar los elementos que alimentan la idea o creencia asociada;
  • identificar cómo y cuánto la misma incluye en el bienestar de la persona;
  • modificar la creencia con una nueva.

Este proceso suele asustar porque implica volver a conectar con algo que duele.

¿Cómo trabajar el trauma sin revivir el sufrimiento?

Lo que muchas personas no consideran es que no se trata de volver a sufrir, sino más bien de girar la vista hacia atrás, demorar un rato observando lo que ocurrió, y volver a girar la cabeza hacia adelante, hacia el presente.

Nadie es lo que era en el pasado. Las circunstancias de entonces no existen y si no resolvemos lo que nos ancla al pasado, nos condenamos a repetir las mismas vivencias, por miedo a revivirlas. ¡Así de retorcido es el proceso neurótico!

De esta forma, tanto repetir debería acabar con hacernos comprender que ya está, que no nos hace falta quedarnos atrapados en una creencia o en un pasado ya vivido.

Pero lo bueno es que podemos evitar tanta repetición y resolver el problema más fácil y rápidamente.

La restructuración cognitiva, la desensibilización sistemática, el entrenamiento en técnica de relajación, la PNL o la terapia de aceptación y compromiso, son especialmente eficaces para re-encontrar el equilibrio y descargar la mente de esta hiper-protección constante.

Cambiando percepciones

Como hemos visto, la hipervigilancia corporal surge como una respuesta de protección, pero se cronifica cuando la mente interpreta erróneamente sensaciones o recuerdos traumáticos.

El miedo al dolor y la ansiedad anticipatoria mantienen el estado de alerta incluso cuando ya no existe peligro real.

Identificar el origen emocional, cognitivo o traumático del problema es clave para romper el ciclo.

Existen tratamientos eficaces —como la restructuración cognitiva, la PNL, la desensibilización sistemática y la terapia de aceptación y compromiso— que ayudan a reducir la hipervigilancia y restaurar el equilibrio interno.

Sanar no implica revivir el pasado, sino observarlo con nuevas herramientas para liberarse de él.

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Seguiremos hablando de temas relacionados con la ansiedad, así que ¡¡no te pierdas las próximas publicaciones!!

Y si te interesa profundizar más sobre el tema, te invito a leer los siguientes artículos:

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Resumen y preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente la hipervigilancia corporal y por qué aparece?

Es un estado de alerta exagerado hacia las sensaciones del cuerpo. Suele aparecer por ansiedad, estrés prolongado o experiencias traumáticas que enseñan a la mente a “buscar peligro” incluso cuando no existe.

¿La hipervigilancia corporal puede causar síntomas físicos reales?

Sí. La activación constante del sistema nervioso puede generar síntomas como taquicardia, tensión muscular, mareos, náuseas o sensación de falta de aire, aunque no exista una enfermedad física.

¿Cómo sé si mis síntomas son ansiedad o un problema médico?

Si los síntomas cambian, aparecen en picos, empeoran con el estrés o mejoran al distraerte, es probable que estén vinculados a la ansiedad. Aun así, siempre es recomendable una evaluación médica inicial para descartar otras causas.

¿La hipervigilancia corporal se puede curar?

Sí. No es un estado permanente. Con terapia psicológica, reeducación cognitiva y técnicas de regulación emocional, la mente aprende a soltar la alerta excesiva y a sentirse segura de nuevo.

¿Por qué me obsesiono con sensaciones pequeñas que antes ignoraba?

Porque tu sistema nervioso está sensibilizado. Cuando la ansiedad o un trauma entrenan al cerebro para detectar “peligro”, cualquier mínima sensación se interpreta como una amenaza, incluso si es normal.

¿Evitar ciertas actividades o movimientos empeora la hipervigilancia?

Sí. La evitación refuerza la idea de que existe un peligro real, manteniendo el ciclo de ansiedad. Gradualmente retomar actividades ayuda al cerebro a actualizar la información y recuperar la confianza.

¿Qué tratamientos funcionan mejor para la hipervigilancia corporal?

Las técnicas más efectivas incluyen:

Restructuración cognitiva
Desensibilización sistemática
Terapias de relajación
PNL (Programación Neurolingüística)
Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)
Trabajo terapéutico del trauma

Estas herramientas ayudan a reprogramar el miedo, regular el cuerpo y romper el patrón de alerta constante.

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