Lo que sé de la vida no es mucho. Pero, quizás, no es poco.
Por ejemplo, sé que soy como tu, que cuando llegas a casa sólo quieres quitarte los zapatos y ponerte cómoda/o.
Sé que la realidad, a veces, no es nada amable y que las cosas te superan y que preferirías esconder la cabeza en la arena. A ratos, por días o durante todo un mes. Y es lo que me pasa a mi.
Porque sí, a veces la realidad supera la ficción y no doy crédito a lo que veo, escucho o tengo que vivir. Y yo, por lo menos, me siento afortunada dentro de mis circunstancias.
De hecho sé que tu vida no es como la mía, pero lo que no sabes es que mi vida a veces es como la tuya.
Sé lo que es estar sola o triste. Sé lo que es ganar y sé lo que significa perder. También perder a alguien.
Sé que se me juzga y se me cuestiona, que no se me entiende y que se me malinterpreta. Yo también lo hago con los demás. Quizás no a menudo, no siempre. A ratos. Pero lo hago. Lo hacemos.
Y sé que es una perdida de tiempo, un mirar afuera lo que no queremos ver adentro.
Puede que yo sea más exigente que tu, más severa. Pero he aprendido a perdonarme, porque he entendido que el sentido de la vida es aprendizaje.
Eso. Lo que sé, ahora, de la vida es que es como una partida de ajedrez y que hemos venido a jugar. Que cada uno tenemos un rol y si tu has venido a cubrir el rol del Rey, no puedes actuar como si fueras un Peón. Y si yo soy Torre, no puedo meterme en el sitio del Caballo ni hacer sus movimientos. No me lo pidas, porque no va a pasar. Yo tampoco te pediré a ti de ser y actuar como un Peón.
Demasiado a menudo nos exigimos (y se lo exigimos a los demás) cubrir roles que no nos pertenecen. Dar algo que no tenemos que dar o recibir algo que no tenemos que recibir. Porque no. O pretendemos que ciertas relaciones sean como nunca van a ser.
Ahora sé que hemos venido con otro propósito y para experimentar algo distinto.
Por lo tanto, otra cosa que sé, es que es inútil comparar la vida, las relaciones o los acontecimientos de los demás con los míos. Son partidas diferentes. Y no me apetece meterme en los juegos de los demás.
Sé que siempre habrá alguien que me pueda decepcionar, herir, golpear, por el que me cabrearé o me marcharé o dejaré algo. Y tu también lo sabes.
Ya no estamos como para buscar cuentos de hadas con esos finales de película romántica. Tanto tu como yo hemos vivido lo suficiente como para dejar de rebuscar allí donde no hay.
También sé algo muy importante y estoy segura que estarás de acuerdo conmigo porque tú también lo sabes.
Sé quien es mi peor enemigo…Es el miedo.
Le conozco, aunque no me he metido mucho en profundizar nuestra relación. ¡Es más! Hace un tiempo tampoco era muy consciente de que él estuviese deambulando tanto por mi vida.
Pero, como ahora le tengo calado, le veo venir. Y, no sé tu, pero ahora le hablo a la cara y, cuando intenta entrar demasiado en mis cosas, hacemos pulso a ver quien gana.
Sí, lo reconozco y es lo mismo que te pasa a ti. A veces gana él, según en qué momentos, pero yo le sigo vigilando. No le quito ojo de encima con tal de ver si se me acerca y si intenta meterse en mis cosas. Así, cuando menos se lo espera, contrataco y gano.
Pero, te lo dije a finales de año en mi despedida del 2025. Ahora jugamos en 2 ligas diferentes. No vamos a tener una relación tan estrecha donde él tenga tanto dominio.
Ahora ya no es cosa de uno. Ahora vamos a jugar los dos…
Lo que, además, sé de la vida es que siempre hay que tener un objetivo, porque es lo único que alimenta nuestra motivación y nos mantiene atent@s, curios@s, activ@s.
Porque poca buena vida queda si no nos mantenemos interesados/as en algo, sino nos ocupamos de descubrir lo nuevo que se va generando en el mundo, y si no nos ponemos a prueba y nutrimos nuestra capacidad de superación y nuestra autoestima.
Lo que sé de la vida también es que está bien tener recuerdos, pero no necesitamos recrearnos en ellos. Porque la cabeza no puede estar constantemente girada hacia atrás, hacia el pasado. La mirada debe estar enfocada hacia adelante, en le presente.
El pasado ya no es. Lo que cuenta es este momento en que estamos hablando tu y yo, como si tuviéramos delante un café, un té, un mate, un vino, una cerveza, un batido o lo que sea que te guste tomar cuando quieres tener ese rato de calma para ti y para compartir.
Mañana ya se verá. Quizás nuestro discurso cambie. Y puede que cambie por completo.
Pero, ahora, esto es lo que sé de la vida y tu también.
Y por último, otra cosa muy importante que sé de la vida es que, cada vez que dude sobre lo que quiero hacer, intento visualizarme de pequeña, cuando la vida era distinta porque era la vida y la visión de una niña.
Y. cuando lo hago. me pregunto: ¿Qué me diría ella? ¿Qué pensaría? ¿Cómo me miraría? ¿Me entendería?
Y te aseguro que sus respuestas y su forma de ver las cosas siempre son reveladoras…
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Y ya que estamos, como sé que te gusta leer tanto como a mi, te dejo este título en la sección ‘Emociones’ de la Biblioteca Virtual, que seguro te va a gustar:
Todo lo que tienes que saber sobre la vida – Enrique Rojas
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