[última actualización septiembre 2026]
¿Sabes por qué mentimos? ¿Por qué a veces ocultamos lo que sentimos, inventamos una explicación o incluso nos convencemos a nosotros mismos de algo que sabemos que no es del todo cierto?
Mentir es una necesidad de nuestras circunstancias. Mentimos para protegernos, para evitar un castigo, para resultar más interesantes, y tenemos mucho más arte a la hora de mentirnos a nosotros mismos!
Justificarse es un poco resistirse a un cambio, evitar responsabilizarse de lo que se quiere y se siente, temer las consecuencias de acciones o reacciones, dudar de uno mismo.
Utilizar excusas sigue más o menos los mismos patrones, deriva de las mismas creencias, pero con una dosis de evitación más alta.
Las excusas como las justificaciones, motores del exitoso proceso de la evitación, dan una inmediata y provisional sensación de calma a la mente superviviente, son tácticas de defensa.
Permiten evitar asumir o reconocer un error, limitaciones, sentimientos que no queremos sostener.
Hoy quiero compartir contigo la visión del psicólogo Paul Ekman sobre la mentira, el autoengaño y algunas de las señales que pueden acompañar a una persona cuando intenta ocultar lo que realmente piensa o siente.
En su libro Cómo detectar mentiras, Ekman analiza indicadores verbales y no verbales que pueden ayudarnos a comprender mejor lo que una persona comunica. Además aborda la detección de la mentira en diferentes ámbitos de la vida cotidiana, desde las relaciones personales y familiares hasta el trabajo.
Vamos a entrar más en detalle…
Tabla de contenidos
- Mentir es más habitual de lo que pensamos
- Cuando mentir empieza a tener un precio
- Mentimos por baja autoestima…
- ¿Mentimos porque le tenemos miedo a nuestro potencial?
- ¿Cómo dejar de mentir y afrontar las consecuencias de nuestras mentiras?
- ¡Entrenando tu mente inviertes la tendencia!
- Resumen y preguntas frecuentes
Mentir es más habitual de lo que pensamos

Paul Ekman, pionero en el estudio científico de las emociones y de su expresión facial, investigó cómo las emociones pueden manifestarse en el rostro y cómo algunas expresiones aparecen de manera muy breve y difícil de controlar conscientemente.
Su trabajo está especialmente relacionado con las llamadas micro-expresiones, pequeñas expresiones faciales que pueden aparecer durante un instante cuando una emoción intenta ocultarse.
Pero es importante no convertirlas en una especie de detector infalible de mentiras: una expresión facial, un gesto o mirar hacia otro lado no demuestran por sí solos que alguien esté mintiendo. La interpretación depende del contexto y de muchos otros factores.
Ekman distingue entre las mentiras cotidianas, que podríamos definir como «piadosas» y que generalmente tienen consecuencias menores, y las mentiras serias.
Las mentiras serias son, según el autor, las que:
«si son descubiertas, se caracterizan por tener como resultado un castigo significativo».
Por ejemplo, la pérdida de la libertad, de un empleo, de una relación, una reputación o incluso la vida misma.
La mente puede engañar al cerebro, pero lo tiene difícil para engañar al cuerpo. Cuando mentimos, el cuerpo manifiesta una discrepancia. Y esta discrepancia se puede detectar, leer y descubrir.
La verdad es saludable. Acercarse a la verdad es un esfuerzo que provoca salud.
Cuando mentir empieza a tener un precio
El problema no siempre es una mentira aislada. A veces es la cadena que viene después.
Una persona puede ocultar un error en el trabajo por miedo a quedar mal; decir que está bien cuando una relación le hace daño para evitar un conflicto; o inventar una excusa para no afrontar una decisión que lleva tiempo posponiendo.
Al principio, el acto de mentir puede aportar una sensación temporal de alivio, pero después se necesita mantener la historia ‘viva’, recordar qué se dijo, justificar nuevas contradicciones y seguir evitando aquello que realmente preocupa.
Es fácil reconocerse en situaciones como estas:
- mentir para evitar una discusión,
- ocultar algo por miedo al rechazo,
- o inventar excusas para no enfrentarse a una decisión personal.
La mentira puede resolver momentáneamente la incomodidad, pero no necesariamente el problema que la originó.
La mente puede engañar al cerebro, pero lo tiene más difícil para mantener completamente oculto lo que sucede en nuestro organismo.
Cuando mentimos podemos experimentar tensión, estrés o cambios emocionales y fisiológicos.
Algunas de estas señales pueden observarse, pero ninguna de ellas permite determinar por sí sola que alguien está mintiendo.
La verdad es saludable. Acercarse a la verdad es un esfuerzo que puede favorecer una relación más honesta con nosotros mismos y con los demás.
Mentimos por baja autoestima…
Muchas veces mentimos porque no reconocemos nuestras capacidades, no nos damos permiso para experimentar cosas nuevas, no nos atrevemos a hacer o, simplemente, escuchar aquello que necesitamos y que nos pide nuestro interior.
¿Por qué?
Por miedo. Porque no nos consideramos ‘suficientes’, porque pensamos que no somos capaces, nos comparamos con otros y creemos que son mejores. Y porque nuestra mente nos invade con pensamientos de esta tipología, tendencialmente negativos y poco realistas.
Todo esto nos frena, nos bloquea y nubla nuestra visión de quienes somos y de todo lo que podemos conseguir. Y se hace más fácil mentirnos y mentir para no enfrentarnos a todo este entramado mental que hemos construido y que afecta nuestra autoestima.
¿Mentimos porque le tenemos miedo a nuestro potencial?
¿Y es por esto que montamos un escenario tan enredado alterando constantemente nuestra realidad?
Es irrefutable el hecho que vivimos dirigidos por una serie de pensamientos, conductas y reacciones emocionales memorizados (miedo, falta de autoestima, culpa, rabia, prejuicios etc.).

Ellos son el software de nuestra mente instalado en el subconsciente.
La tarea de invertir la tendencia reduciendo el uso de justificaciones, excusas y mentiras sea muy complicada.
Reducirla es seguramente posible.
Eliminar por completo quizás no tanto ni es necesario.
Pero, ya que no es necesario estar constantemente centrados en sobrevivir, sino que simplemente en vivir, se puede lograr con entreno, voluntad y compromiso.
Y ahorrar una cantidad considerable de energías.
¿Cómo dejar de mentir y afrontar las consecuencias de nuestras mentiras?
Evidentemente pertenezco a la categoría de personas que se puede inventar lo que sea para evitar enfrentarme a mi propia verdad, a la realidad, a mis emociones, por temor de reconocer y vivir mis excelencias al igual que mis miedos. ¡¿Como no!?
Pero cuando descubrí la maravilla de la autenticidad ¡acabé volviéndote adicta!
El primer paso para dejar de mentir de forma automática no consiste en intentar ser una persona perfecta. Consiste en identificar qué estás intentando evitar cada vez que aparece una excusa, una justificación o una mentira.
Puedes empezar con preguntas sencillas:
- ¿Qué estoy intentando evitar con esta mentira?
- ¿Qué temo que ocurra si digo la verdad?
- ¿Qué parte de mí estoy intentando proteger?
- ¿Qué consecuencia tendrá mantener esta mentira?
- ¿Qué puedo decir de forma honesta sin hacer daño innecesariamente?
Y si ya has mentido, todavía existe la posibilidad de reparar parte del daño.
Reconocer lo ocurrido, dejar de añadir nuevas explicaciones, asumir la responsabilidad y hablar con honestidad puede ser mucho más útil que construir otra mentira para tapar la anterior.
No siempre podremos controlar la primera reacción de miedo, vergüenza o incomodidad.
Sí podemos entrenarnos para no convertir esa reacción automática en una cadena de excusas y ocultamientos.
¡Entrenando tu mente inviertes la tendencia!
¿Cómo?
Cambiando tu centro de atención y dirigiendo las energías hacia otras cosas más saludables para ti.
Si antes el automatismo de tu mente te llevaba a alejarte de lo que sentías y te enredabas en un loop de pensamientos que nunca cumplían con tus necesidades, ahora pasa lo contrario.
Obvio, esto es resultado de un proceso que implica sostener muchas cosas que antes dejabas sin voz.
Somos nuestro propio cambio, solo hay que recordar que esto no siempre implica que dicho cambio se produzca solo con parpadear…
La autenticidad también se entrena.
Y cuando empiezas a comprobar que puedes expresar lo que sientes sin que necesariamente ocurra el desastre que anticipabas, algo cambia: necesitas menos excusas, menos justificaciones y menos esfuerzo para sostener una versión de ti que no eres.
Y quizá ahí empieza una relación mucho más honesta contigo mismo/a.
Si quieres saber más acerca de las mentiras y conocer las investigaciones de Paul Ekman, puedes consultar su libro »Cómo detectar mentiras» en la ficha oficial de Planeta de Libros y profundizar en sus investigaciones sobre las emociones, las expresiones faciales y la detección de la mentira.
Consulta la Biblioteca de apoyo terapéutico del Blog para más información.
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Vittoria Veri Doldo ~ Terapeuta y Coach de Salud
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Resumen y preguntas frecuentes
Porque la mentira puede ofrecer un beneficio inmediato: evitar un conflicto, protegerse del rechazo, reducir la vergüenza o escapar temporalmente de una consecuencia. El problema aparece cuando ese alivio inmediato termina generando un problema mayor.
No necesariamente. Algunas mentiras buscan obtener un beneficio, pero otras pueden estar relacionadas con el miedo, la inseguridad, la necesidad de protegerse o el deseo de evitar una situación emocionalmente incómoda. La intención y el contexto son importantes.
No de forma infalible. Las expresiones faciales y otras señales no verbales pueden aportar información sobre el estado emocional de una persona, pero un gesto aislado no demuestra que esté mintiendo. Este es precisamente uno de los aspectos que conviene tener en cuenta al hablar del trabajo de Paul Ekman.
Una mentira implica presentar como verdadero algo que sabemos que no lo es. Una excusa suele utilizarse para evitar una responsabilidad o explicar por qué no hemos hecho algo. Una justificación intenta presentar una conducta o decisión como razonable o aceptable. En la vida cotidiana, las tres pueden mezclarse.
En algunas personas, el miedo a ser juzgadas, rechazadas o consideradas insuficientes puede favorecer conductas de ocultación o justificación. Sin embargo, mentir no tiene una única causa y no sería correcto atribuir todas las mentiras a una baja autoestima.
El autoengaño puede aparecer cuando aceptar una realidad resulta demasiado incómodo: reconocer que una relación no funciona, asumir un error, aceptar una limitación o admitir que queremos algo diferente. Convencernos de otra explicación puede reducir momentáneamente esa incomodidad.
Observando primero las situaciones en las que aparecen más excusas, justificaciones o necesidad de ocultar lo que sientes. En lugar de preguntarte únicamente «¿por qué he mentido?», puede ser más útil preguntarte «¿qué estaba intentando evitar o proteger en ese momento?». Esa pregunta puede abrir un camino más realista hacia el autoconocimiento y la autenticidad.
