Los Contratos de Almas pueden implicar relaciones con otras personas, situaciones de vida específicas o circunstancias que nos permitan evolucionar espiritualmente. Puedes, por ejemplo, tener un Contrato de Alma con alguien para aprender sobre el perdón o la paciencia a través de una relación incómoda o conflictiva; o bien a través de una relación con un miembro de la familia, (madre, padre, hermano/a etc.), para aprender a apoyarse mutuamente, mejorar la comunicación o sanar heridas emocionales pasadas o del linaje.