[última actualización julio 2026]
“Sé lo que debería hacer, pero no consigo hacerlo”.
Esta es una de las frases que más escucho en consulta.
Personas que saben que quieren cambiar, que han leído, reflexionado e incluso han intentado aplicar diferentes herramientas de crecimiento personal, pero que siguen encontrándose con los mismos bloqueos…
Relaciones que se repiten, decisiones que se posponen, miedos que aparecen una y otra vez o una sensación constante de no estar a la altura.
Y entonces es inevitable estar preguntándose: ¿Por qué, si quiero cambiar, sigo actuando de la misma manera?
La respuesta no suele estar en la falta de voluntad, de capacidad o de motivación. Hay casos en que sí, seamos honest@! Porque el ser humano es un maestro en mentirse a si mismo y en auto-boicotearse y encontrar un sinfín de excusas baratas!!!
Pero, muchas veces el verdadero origen está en las emociones que no hemos aprendido a gestionar y en las creencias inconscientes que dirigen nuestra manera de interpretar la vida.
De hecho, no nacemos pensando que no somos suficientes.
No nacemos creyendo que debemos agradar para ser aceptados, que equivocarnos nos hace menos valiosos o que tenemos que demostrar constantemente lo que valemos. Aprendemos esas ideas.
Las absorbemos de nuestro entorno, de nuestras experiencias, de nuestra familia y de las personas que han formado parte de nuestra historia. Con el tiempo, se convierten en creencias, dejan de parecer aprendizajes y empiezan a convertirse en verdades.
Otras frases que escucho a menudo son: “Yo soy así”; “No puedo cambiar”; “Siempre me pasa lo mismo”; “Esto no es para mí”, y son de las que más bloquean nuestro proceso evolutivo y nuestras capacidades de poner en marcha el cambio.
Muchas veces no estamos viviendo desde quiénes somos realmente. Estamos viviendo desde la interpretación que hemos construido sobre nosotros mismos.
Y ahí es donde, por ejemplo, el coaching puede convertirse en una herramienta de transformación.
¿Qué es el coaching y cómo puede ayudarte a cambiar aquello que te bloquea?

El coaching es un proceso de acompañamiento que ayuda a una persona a tomar conciencia de dónde está, qué quiere conseguir y qué necesita cambiar para avanzar. No consiste en recibir consejos ni en que alguien te diga qué tienes que hacer.
Un buen proceso de coaching no busca darte respuestas externas, sino ayudarte a encontrar tus propias respuestas. Porque no es que necesitemos que alguien nos diga qué hacer, necesitamos comprender qué nos está impidiendo hacerlo.
En un proceso de coaching se trabaja con preguntas, reflexión y toma de conciencia para descubrir:
-
qué patrones se repiten en nuestra vida;
-
qué emociones aparecen ante determinadas situaciones;
-
qué creencias están condicionando nuestras decisiones;
-
qué comportamientos mantenemos aunque ya no nos ayudan;
-
qué recursos personales tenemos y todavía no estamos utilizando.
Cuando una persona empieza a observarse desde un lugar diferente, deja de actuar únicamente desde el automatismo y empieza a recuperar capacidad de elección. ¡Y es ahí donde comienza el cambio!
¿Por qué repetimos patrones aunque sabemos que no queremos hacerlo?
Nuestro cerebro busca protegernos y para ello utiliza aprendizajes del pasado que en algún momento fueron útiles para nosotros.
Es la ley de la economía y de la optimización. Es un poco como la memoria caché en internet, ¿sabes?
Esto no es un problema en sí, pero se convierte en un inconveniente y/o impedimento cuando seguimos aplicando esas mismas respuestas en situaciones actuales que ya no son iguales. Porque la vida cambia continuamente y nosotros con ella.
Una persona que aprendió que cometer errores generaba críticas puede convertirse en adulta en alguien excesivamente exigente consigo misma. O alguien que tuvo que hacerse cargo emocionalmente de los demás puede terminar sintiendo que sus propias necesidades siempre deben esperar.
Una persona que creció asociando – por las circunstancias que sean – el éxito con la distancia o el rechazo puede limitar inconscientemente sus propios logros. Desde fuera puede parecer falta de confianza, miedo o inseguridad, pero cuando profundizamos, encontramos una historia emocional detrás.
Por eso no basta con decirnos: “tengo que pensar diferente”. El cambio profundo no ocurre solamente en la mente, ocurre cuando comprendemos la emoción que sostiene esa forma de pensar.
¿Cómo influyen las emociones en nuestras creencias?
Las creencias no son únicamente pensamientos, son ideas cargadas de significado emocional.
Cuando una experiencia nos impacta especialmente, nuestro cerebro aprende una conclusión que intenta protegernos en el futuro.
Por ejemplo: “Si me equivoco, perderé valor”; “Si digo lo que pienso, me rechazarán”; “Si no soy perfecto/a, no seré suficiente”.
La creencia aparece como una forma de explicación, pero debajo, oculta, suele existir una emoción: miedo, culpa, vergüenza, necesidad de pertenecer son entre las más frecuentes.
Por eso, cuando trabajo con una persona, no me quedo únicamente en lo que piensa. Me interesa comprender qué siente, cuándo aparece esa emoción y qué historia hay detrás. Y podemos cambiar una creencia cuando dejamos de necesitarla para protegernos.
¿Muchas de nuestras creencias vienen de nuestra familia?
Una parte importante de nuestro sistema de creencias se construye durante la infancia.
Antes de tener capacidad crítica, aprendemos observando. De hecho es en la infancia cuando aprendemos cómo se expresa el amor, cómo se gestionan los conflictos, qué lugar ocupamos dentro de la familia o qué emociones son aceptadas y cuáles deben esconderse.
Es lo que se llama un imprinting emocional, es decir un aprendizaje emocional muy intenso que ocurre por una experiencia importante, especialmente durante la infancia, y que puede influir en cómo una persona siente, piensa o actúa en situaciones similares a lo largo de su vida.

Desde pequeñas/os absorbemos mensajes que, aunque nunca se hayan dicho directamente, estaban presentes en casa: “En esta familia hay que ser fuerte”; “Los problemas no se cuentan”; “Hay que trabajar duro para merecer las cosas”; “No debemos destacar demasiado”. Y estos, repito, son solo ejemplos, pero estoy segura que por lo menos uno de ellos te resuena…
Estas experiencias crean una especie de mapa interno desde el que interpretamos nuestra vida. Obviamente no se trata de algo inmutable y que nos marca para siempre. Con la madurez desarrollamos también nuestro propio sentido crítico y forjamos nuestras ideas y personalidad.
El problema es que, en el fondo y muy adentro, seguimos utilizando un mapa antiguo para recorrer un camino completamente diferente al que recorreríamos si tuviéramos conciencia de ello.
¿Qué son las lealtades invisibles y cómo pueden limitarnos?
Todos necesitamos pertenecer, sentirnos parte de un grupo, especialmente de nuestra familia. Es una necesidad humana profunda.
En ocasiones, esa necesidad de pertenencia puede hacer que mantengamos comportamientos o decisiones que no están alineados con quienes somos realmente. Son las llamadas lealtades invisibles inconscientes de las que te hablo en este artículo.
Aclaramos una cosa importante. No es que nuestra familia determine nuestro destino, sino que podemos mantener fidelidades inconscientes hacia determinadas formas de vivir, sentir o actuar porque es lo que hemos ‘mamado’ desde la infancia. Es parte de nuestra fibra, de nuestro recinto de protección de cuando éramos niños o niñas y creado por nuestros vínculos de confianza.
Hay personas que que no se permiten tener más éxito que sus padres porque sienten que eso les alejaría de ellos.
Hay quienes repiten relaciones donde siempre ocupan el papel de quien cuida y sostiene.
Personas que se exigen constantemente porque aprendieron que solo recibían reconocimiento cuando hacían las cosas bien.
Si estos patrones no salen a la luz y no se toma consciencia de ellos, no dejarán de dirigirnos desde la sombra.
Si nos damos cuenta de ellos y los trabajamos, entonces empezaremos a elegir.
¿Qué puedo hacer para empezar a cambiar mis creencias limitantes?
El cambio comienza con algo aparentemente sencillo: observar. ¡Sí, así de fácil!
¿Y sabes por qué? Porque no podemos transformar aquello que no vemos.
Te propongo algunas preguntas que utilizo frecuentemente en procesos de terapia emocional y coaching:
1. Identifica la situación que se repite
Pregúntate: ¿Qué ocurre una y otra vez en mi vida? ¿Qué actitudes y comportamientos repito en mi vida y me gustaría dejar atrás?
Obsérvate y toma nota, sin más, sin juzgarte ni pretender nada. Solo observa.
2. Observa la emoción que aparece
Antes de buscar una solución, mira qué sientes: ¿Miedo? ¿Rabia? ¿Tristeza? ¿Culpa? ¿Vergüenza? ¿Frustración? ¿Bloqueo?
La emoción suele mostrar dónde está la verdadera dificultad. Anótala.
También observa quién te viene a la mente, sin pensarlo. Algún ser querido, un recuerdo concreto, una situación que compartiste con alguien.
¿Qué y cómo te hace sentir?
3. Cuestiona la creencia que aparece automáticamente
Si piensas: “No soy capaz o no puedo o no va a ser posible o bien no es para mi”, pregúntate: ¿Es realmente una verdad o es una conclusión que aprendí? ¿De dónde viene esta idea? ¿Sigue siendo útil para la persona que soy hoy? ¿Corresponde a mis capacidades y/o tiene relación con lo que necesito lograr hoy?
4. Cambia la forma de relacionarte contigo
No es lo mismo decir: “Soy inseguro”, que decir: “He aprendido a sentir inseguridad en determinadas situaciones”.
La primera frase define quién eres. La segunda abre una posibilidad de cambio. ¿Te fijas? Es muy distinto…
5. Crea nuevas experiencias
Las creencias no cambian únicamente pensando diferente, cambian cuando vivimos experiencias nuevas que demuestran a nuestra mente que existen otras posibilidades.
Pequeñas acciones repetidas generan nuevas emociones y nuevas emociones generan nuevas formas de interpretar la realidad.
El objetivo de la terapia emocional y del coaching: volver a conectar contigo

Para mí, el coaching no consiste en convertirte en alguien diferente, consiste en ayudarte a recuperar partes de ti que quedaron escondidas detrás del miedo, la exigencia o las expectativas de otros.
Cuando una persona comprende sus emociones, identifica sus creencias y empieza a cuestionar los patrones que la limitan, se crea el espacio para la libertad de elegir.
Elegir desde quién eres hoy, no desde lo que aprendiste que tenías que ser. Porque no necesitas transformarte en otra persona, no hay nada malo ni equivocado en ti. Necesitas dejar de vivir condicionado/a por historias que ya no te pertenecen.
Te invito, pues a observarte durante unas cuantas semanas y tomar nota de lo que detectas. Sin juicio, sin exigencias, solo observarte y tomar nota. Y cuando empieces a identificar modelos de comportamientos o situaciones que, de forma consciente, siente que quieres gestionar diferente, allí estará el patrón que necesitas cambiar.
Trabajo tus emociones, atiéndelas, escúchalas y cuídalas. No temas, son vehículos valiosísimos de información que te permitirán conectar contigo y con tu propósito de vida.
Y si necesitas ayuda, ya sabes, ¡¡aquí estoy!!
Libros recomendados para profundizar
Si quieres seguir profundizando en coaching, creencias, PNL, inteligencia emocional y procesos de cambio personal, estos los títulos a seguir son entre los más interesantes que puedes consultar y que pueden acompañarte en ese camino. Visita la Biblioteca Virtual del Blog, sección Coaching y Coaching y Liderazgo.
Coaching
-
Herramientas para el cambio – Robert Dilts.
-
Coaching para la transformación personal – Lidia Muradep.
-
Coaching: El arte de soplar brasas – Leonardo Wolk.
-
Competencias de coaching aplicadas – Damián Goldvarg.
-
Coaching Co-Activo – Henry Kimsey-House y Karen Kimsey-House.
-
Coaching para el éxito – Talane Miedaner.
Programación Neurolingüística (PNL)
-
El poder de la palabra – Robert Dilts.
-
Cómo cambiar creencias con PNL – Robert Dilts.
-
Identificación y cambio de creencias – Robert Dilts.
-
Aprendizaje dinámico con PNL – Robert Dilts.
-
Cree más en ti con PNL – David Molden y Pat Hutchinson.
-
Zen de PNL – M. A. León.
Gestalt y crecimiento personal
-
Manual práctico de Gestalt – Ángeles Martín.
-
El Gestalt Coach – Xavier C. Viola.
Liderazgo y hábitos
-
Coaching y liderazgo de equipos – Peter Hawkins.
-
Liderazgo al más alto nivel – Ken Blanchard.
-
El poder de los hábitos – Charles Duhigg.
-
Coaching deportivo – Shubert Carrera.
Cada uno aporta una mirada diferente sobre el cambio y el autoconocimiento. A veces una idea, una pregunta o una nueva forma de observarnos puede convertirse en una transformación profunda.
~
Si te ha gustado este artículo, quizás te interese leer también:
Creencias heredadas: cómo tu familia puede estar influyendo en tu vida actual
~
Y si quieres profundizar sobre cómo cambiar creencias con PNL, te invito a leer este texto extracto del libro de Robert Dilts ‘El poder de la palabra’.
~
Imagen destacada: creación de IA
~
Vittoria Veri Doldo ~ Terapeuta y Coach de Salud
~
Las creencias son ideas, interpretaciones y convicciones que utilizamos para comprender la realidad. Influyen en nuestra manera de pensar, sentir y actuar porque funcionan como filtros desde los cuales interpretamos nuestras experiencias y tomamos decisiones.
Las creencias limitantes son pensamientos o interpretaciones rígidas que reducen la percepción de nuestras capacidades o posibilidades. Suelen aparecer acompañadas de expresiones absolutas como “no puedo”, “siempre fracaso” o “nunca cambiaré”.
Sí. Aunque muchas creencias se forman durante la infancia a través de experiencias, educación y entorno, pueden modificarse mediante procesos de reflexión, aprendizaje, nuevas experiencias y repetición de nuevos patrones de pensamiento.
Para cambiar una creencia negativa es necesario identificarla, analizar si sigue siendo útil y sustituirla por una interpretación más realista y funcional. La repetición de nuevos pensamientos y comportamientos ayuda a consolidar nuevas formas de responder.
Porque muchos pensamientos funcionan como respuestas automáticas aprendidas. El cerebro utiliza patrones conocidos para ahorrar recursos y anticipar situaciones, aunque algunos ya no sean adecuados para nuestro contexto actual.
Las creencias influyen en la valoración que hacemos de nosotros mismos y en la confianza con la que afrontamos decisiones. Una percepción negativa de nuestras capacidades puede limitar nuestras acciones, mientras que una visión más flexible favorece la iniciativa y el aprendizaje.

Cambiar las creencias no es un trabajo sencillo, requiere de mucha constancia y deseo de que así suceda. Las creencias son patrones de pensamiento que hemos heredado y aprendido de los grupos sociales en los que hemos sido educados, desde la familia, la religión, la ciudad, el sexo, las amistades, etc…. Todo ello ha ido conformando con el tiempo la imagen que tenemos de nosotros mismos. Por eso creo que es importante actuar en dos direcciones. primero descubrir quien o qué somos en realidad, para darnos cuenta de lo limitadora que es la creencia que tenemos acerca de nosotros. Por otro lado, una labor más minuciosa, en la que reconocemos nuestros patrones de pensamiento y las emociones y sentimientos que lo sustentan. Creo que es más fácil cambiar las creencias y su influencia en nosotros, si actuamos no solo modificando los pensamientos, sino y sobre todo, las emociones que despiertan en nosotros (miedo, tristeza, enfado, culpa…..). El cuerpo y la mente no van por separado, interactúan constantemente. Observar como te sientes cuando estas, por ejemplo, enojado, sin juzgar nada de lo que sucede, sin tan siquiera querer cambiarlo, solo verlo como si le estuviese ocurriendo a alguien que no eres tú. Lo que sientes a nivel físico, donde se localiza, como cambia tu respiración, la contracción de tus músculos, etc. esto hace que pases a otro nivel de conciencia y el conflicto se resuelva desde allí y no desde la mente inconsciente que lo creo. Bueno esa es mi experiencia. Gracias
Hola Ana y muchas gracias por tu aportación, son reflexiones enriquecedoras y comparto totalmente tu visión holistica de la persona. Gracias por ser parte de esta comunidad y compartir tu experiencia. Un abrazo 🙂
me encantas estos temas gracias por compartiros. creo que son de mucha utilidad para relacionarnos con los demás
Muchas gracias Jorge por tu valoración y por compartir :-). Un abrazo y gracias por tu visita!!