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Órganos y emociones: el hígado entre ira y creatividad [Libros]

Órganos y emociones el hígado entre ira y creatividad.[Libro].MetodoSanate

Cuando hablamos de emociones muchas personas suelen pensar en algo que sucede “dentro de nuestra cabeza”: sentimos rabia, tristeza, miedo, alegría y cualquier otra emoción y no siempre somos capaces de entender su relación con nuestro cuerpo.

En realidad, todo lo que nos ocurre está siempre ligado a la percepción. Recibimos millones de estímulos en instantes gracias a nuestro sistema sensorial. A partir de nuestra percepción, empezamos a elaborar esos estímulos analizándolos, organizándolos, calificándolos y decidiendo qué hacer con ellos.

En el curso de este proceso, nuestro cuerpo no se queda inerte ni impermeable. Al contrario, es protagonista directo de lo que estamos percibiendo y de todo lo que sigue a este proceso.

En el post de hoy y en los siguiente que te compartiré en las próximas semanas, te hablaré de la relación entre emociones, órganos y nuestro cuerpo, indicándote qué emoción se relaciona con cada uno de nuestros órganos.

Te explicaré la influencia de cada emoción en la salud de cada uno de ellos y te compartiré algunas soluciones sencillas para que puedas aligerar la carga (o sobrecarga) emocional que genera el correspondiente malestar ‘orgánico’ interno.

La relación entre cuerpo, órganos y emociones

La medicina occidental así como la psicología, durante siglos, no consideraban que existiese una relación profunda entre las emociones, el cuerpo y las dolencias físicas y/o mentales.

La Medicina Tradicional China, por lo contrario, sí y desde hace milenios. Según su enfoque, cuerpo y mundo emocional no pueden entenderse como dos realidades separadas. El órgano no sería únicamente una estructura física y la emoción no sería únicamente una experiencia psicológica. Existe una relación.

Y esa relación puede observarse en las dos direcciones: hay emociones que tradicionalmente se vinculan a determinados órganos, pero también determinados estados del organismo pueden expresarse a través de nuestro mundo emocional.

En esta serie de artículos, como te comentaba antes, vamos a recorrer los órganos uno a uno para comprender precisamente ese diálogo entre cuerpo,m y emociones.

Comenzamos por el hígado.

Hígado y emociones: la ira

La emoción asociada tradicionalmente al Hígado es la ira.

Cuando hablamos de ira no hablamos solamente de ese momento en el que perdemos los nervios, sino más bien hay que incluir un abanico emocional mucho más amplio donde entran: rabia, frustración, irritabilidad, resentimiento, enfado contenido, sensación de injusticia, impotencia o dificultad para expresar lo que necesitamos.

Pero, te preguntarás ¿de dónde sale exactamente esta asociación?

La relación aparece de manera explícita en el Huangdi Neijing, uno de los textos fundamentales de la medicina china clásica.

El Huangdi Neijing (o Canon Interno del Emperador Amarillo) es el texto médico más antiguo, importante y fundamental de la Medicina Tradicional China (a partir de ahora: MTC).

Fue compilado a lo largo de varios siglos (principalmente entre el periodo de los Reinos Combatientes y la dinastía Han, entre el 475 y el 221 a. C.). Está escrito en forma de diálogo de preguntas y respuestas entre el mítico Emperador Amarillo (Huangdi) y sus ministros o sabios de la corte.

Se trata de una recopilación de textos médicos de la Antigüedad china y que posteriormente fue transmitida, editada y comentada durante siglos. En el Suwen, uno de sus dos grandes componentes, aparece explícitamente la cadena de correspondencias entre hígado e ira.

El Neijing no plantea una relación aislada entre dos elementos —“hígado = ira”—, sino que construye un sistema de correspondencias entre el ser humano, la naturaleza, las estaciones, los órganos, los sabores, los movimientos y las emociones.

Sin entrar ahora en la terminología propia del texto o en la de la MTC, que puede resultar un poco complejo y, de entrada, menos práctico, te dejo abajo una imagen resumen:

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Y, mientras, vamos a ver qué nos pasa cuándo sentimos ira u otras emociones relacionadas.

¿Qué ocurre en mí cuando vivo desde la ira, la frustración o el resentimiento?

Para un momento y piensa en la última vez que te enfadaste de verdad…

Quizá recuerdes cómo cambió tu respiración, puede que apretabas la mandíbula, que tus hombros se tensaban. Quizás, justo en el momento en que te empezaste a encender, cerraste los puños y tu cara se calentó y se puso roja.

Es muy probable que sentiste que necesitabas responder inmediatamente, verbal o físicamente.

Ante una situación de ira intensa, nuestra expresión corporal cambia. La respiración puede acelerarse, los músculos pueden tensarse y podemos experimentar calor, presión o una sensación interna de activación.

Es como si todo nuestro organismo se preparara para hacer algo:

  • Responder.
  • Defenderse.
  • Luchar.
  • Salir de una situación.
  • Poner un límite.
  • Liberar algo que está quemando o empujando desde dentro.

Ira, frustración y estados de ánimo que no siempre reconocemos

No todas las personas expresan la ira gritando, discutiendo o perdiendo los nervios.

De hecho, muchas veces la ira no se manifiesta de una forma tan evidente. Puede permanecer en silencio y convertirse poco a poco en irritabilidad, mal humor, impaciencia o una sensación constante de incomodidad que ni siquiera sabemos explicar.

Hay personas que aparentemente están tranquilas, pero llevan días, semanas o incluso años dando vueltas a la misma situación.

A mi me ha pasado muchas veces.

Empiezo a darle vueltas a una conversación y pienso en lo que debería haber respondido. Esto me ocurría sobre todo cuando era más jovencita, porque la timidez me podía y me costaba mucho reconocer mis emociones y expresarlas.

He trabajado también con muchas personas que no pueden parar de repasar una injusticia que consideran que no merecían.

Recuerdan algo que alguien les hizo y que todavía les duele. Se imaginan lo que dirían si tuvieran otra oportunidad. Y cada vez que vuelven mentalmente a ese momento, vuelven a sentir algo parecido a lo que sintieron entonces.

La situación ya ha terminado, pero emocionalmente sigue ocurriendo una y otra vez y el cuerpo lo ‘revive’ como si siguiera pasando, como si fuese algo todavía ‘en curso’.

Esto también puede suceder cuando necesitamos expresar algo y no lo hacemos. Cuando queremos decir “no” y terminamos diciendo “sí”. Cuando alguien sobrepasa nuestros límites y preferimos callar para evitar un conflicto.

O cuando (y esto pasa mucho y es frecuente en consulta) en nuestro trabajo, nos sentimos infravalorados, pero pensamos que no podemos permitirnos enfrentarnos a nuestro jefe.

Otra situación muy común ocurre cuando estamos enfadados con nuestra pareja y, en lugar de hablar de lo que realmente nos ocurre, acumulamos pequeños silencios. Al principio puede parecer que no pasa nada. Sin embargo, la emoción no desaparece simplemente porque no la expresemos. Se queda dando vueltas dentro de nosotros/as.

Y cuanto más tiempo permanece sin encontrar una forma de expresión, más fácil puede resultar que termine apareciendo en otros momentos, con otra intensidad, con otras personas y fuera de contexto. Y nos corroe por dentro, como un goteo infinito…

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La relación con el hígado

El hígado está relacionado con esa capacidad de poner en movimiento lo que sentimos.

Por eso, cuando la ira aparece y no encuentra expresión o no se traduce en acción, podemos experimentar la sensación contraria: tensión, bloqueo, irritabilidad o frustración.

La Medicina Tradicional China relaciona el hígado con la ira porque observa esta emoción como una fuerza/energía interna que empuja hacia la acción.

Cuando nos enfadamos, algo dentro de nosotros quiere moverse.

Por eso, para la tradición china, la ira no es solamente un estado mental. Tiene una expresión física evidente y un impulso hacia fuera.

Cuando ese impulso encuentra una vía de expresión, podemos actuar; cuando queda contenido durante demasiado tiempo, somatizamos en el cuerpo de las formas que te indicaba antes.

Esta es, en esencia, la relación tradicional entre el hígado y la ira: el hígado representa ese movimiento que, cuando se bloquea, puede convertirse en tensión; y cuando encuentra una dirección, puede transformarse en acción.

Si estamos viviendo constantemente desde la rabia, la frustración, el resentimiento o la sensación de estar atrapadas/os, es como si le estuviéramos pidiendo al hígado que realice su trabajo mientras nosotros mismos mantenemos todo bloqueado.

¿Y cómo afecta al cuerpo llevar demasiado tiempo en esa tensión?

Pues, puede aparecer como sintomatología más frecuente:

  • tensión muscular,
  • rigidez articular y lesiones,
  • sensación de presión o distensión en la parte alta del abdomen, debajo de las costillas,
  • suspiros frecuentes,
  • alteraciones digestivas,
  • dificultad para relajarnos.
  • fatiga o cansancio extremo y constante que no mejora con el descanso,
  • visión borrosa,
  • sensación de tener una bola en la garganta,
  • y muchos más síntomas y de mayor gravedad…

Además, también podemos notar algo más difícil de medir: la sensación de falta de fluidez en nuestra propia vida.

Nos cuesta decidir, avanzar, perdemos espontaneidad, nos sentimos estancadas/os. Perdemos energía para crear o iniciar cosas nuevas.

Por eso resulta tan interesante observar no solamente aquello que nos hace enfadar, sino todo lo que hemos ido acumulando antes de llegar a ese momento.

¿Qué hemos callado y qué hemos permitido? ¿Y qué hemos querido cambiar y no hemos cambiado?

Quizá nuestro hígado no necesite que sigamos luchando más, sino que algo en nuestra vida vuelva a ponerse en movimiento.

¿Qué pasa en el cuerpo cuando no expresamos lo que necesitamos?

Cuando sentimos ira, el cuerpo reacciona con nosotras/os.

Una pequeña situación provoca una reacción mucho mayor de la que, aparentemente, merecía. La persona que tienes delante o la situación que estás viviendo, quizá, no sea realmente el origen de esa reacción. La carga ya venía de antes.

Esto es algo que todos hemos experimentado alguna vez: acumulamos pequeñas frustraciones durante el día y terminamos reaccionando con mucha más intensidad ante algo que, en otras circunstancias, apenas nos habría afectado.

Por eso resulta tan interesante observar no solamente aquello que nos hace enfadar, sino todo lo que hemos ido acumulando antes de llegar a ese momento.

¿Cuántas veces hemos sentido que algo no estaba bien y, aun así, hemos seguido adelante como si nada?

Todo esto puede provocar que la ira se convierta en una forma de vivir y, por lo tanto, es cuando dejamos de ser conscientes de ello.

¿Te das cuenta?

La ira mantenida en el tiempo puede terminar agotándonos.

Primero luchamos contra aquello que nos molesta; después intentamos contener lo que sentimos y, con el tiempo, esa lucha puede dejarnos cansados, irritables o incluso sin energía para actuar.

Lo que comenzó como una emoción puede terminar convirtiéndose en un estado de ánimo estancado y perjudicialmente permanente.

Cuando dejamos de alimentar el bloqueo

El hígado es fundamental para el metabolismo. Entre sus funciones principales, transforma y almacena nutrientes, regula la glucosa, procesa grasas y proteínas, produce bilis y ayuda a eliminar sustancias que el organismo necesita desechar.

En pocas palabras, recibe, transforma, almacena y libera según las necesidades del cuerpo. Esta función de transformación y regulación es especialmente interesante para comprender, desde la perspectiva de la MTC, por qué tradicionalmente se ha relacionado el hígado con el movimiento y la ira.

Y por todo lo explicado anteriormente, es importante no quedarnos a vivir en esas emociones. Porque cuando dejamos de alimentar continuamente la ira, la frustración y el resentimiento, el hígado puede recuperar aquello que necesita para cumplir sus funciones físicas y emocionales: movimiento, circulación y libertad.

Es como si dejáramos de exigirle que sostenga una lucha permanente. Al liberar esa carga, recuperamos espacio para respirar, decidir, actuar y avanzar.

Y con ese movimiento pueden aparecer de nuevo la energía, la claridad, la espontaneidad y las ganas de crear.

Lo que estaba retenido empieza a encontrar una salida y nosotros podemos volver a sentir que nuestra vida también se mueve.

¿Cómo cuidar emocionalmente nuestro hígado? 5 ejercicios sencillos

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No necesitamos hacer grandes cambios para empezar. Podemos cuidar nuestro “hígado emocional” aprendiendo a expresar lo que sentimos antes de que se acumule.

Poner límites cuando algo nos invade, permitirnos decir que no, mover el cuerpo, descansar, buscar momentos de silencio y preguntarnos con frecuencia qué situación de nuestra vida necesita ser modificada.

En concreto, te propongo practicar estas sencillas acciones:

1) Escribe lo que no estás diciendo. Durante 5 minutos, escribe sin censura qué te enfada, qué te duele o qué estás necesitando y no te atreves a expresar. No tienes que enseñárselo a nadie. Es para ti, para liberar parte de esa energía contenida, aclararte y decidir qué hacer.

2) Practica un “no” consciente. Elige una pequeña situación cotidiana en la que normalmente aceptas algo que no quieres. Antes de responder, pregúntate: ¿realmente quiero hacerlo? Si la respuesta es no, practica expresarlo con claridad y sin justificarte demasiado.

3) Dale movimiento a la emoción. Cuando sientas rabia o frustración, sal a caminar, estírate, baila o simplemente mueve el cuerpo durante unos minutos. Observa si cambia la sensación interna cuando dejas de permanecer quieta/o con ella.

4) Habla de aquello que quedó pendiente. Piensa en una persona o situación que todavía despierta resentimiento en ti. Escribe qué habrías querido decir, qué necesitabas entonces y qué necesitas ahora. El objetivo no es volver al conflicto, sino darle una salida a aquello que quedó dentro.

5) Pregunta qué necesita cambiar. Cuando aparezca irritación, en lugar de preguntarte solamente “¿por qué estoy enfadada/o?”, prueba con: “¿Qué está intentando mostrarme esta emoción?” y “¿Qué puedo hacer hoy para que algo vuelva a ponerse en movimiento?”

Cuidar emocionalmente nuestro hígado no significa dejar de sentir ira. Significa aprender a escucharla antes de que se convierta en una forma de vivir.

Y, sobre todo, podemos aprender a no quedarnos atrapadas/os en aquello que ya ocurrió.

Soltar no significa olvidar ni justificar. Significa dejar de gastar nuestra energía en mantener vivo un conflicto que ya no queremos seguir llevando dentro.

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Para profundizar

Si te ha gustado este artículo, quizás te interese leer también:

Emociones atrapadas: qué son y cómo liberarlas

Depurar y tonificar el hígado

Te invito también a consultar el Diccionario Emocional Online de la web donde encontrarás mucha información sobre emociones e hígado.
En la Biblioteca Virtual del Blog – sección ‘Sanación’ – encontrarás los 2 títulos mencionados en el artículo: El Estudio China; El Huang Di Neijing. ¡Suscríbete al Blog para acceder!

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Resumen y preguntas frecuentes

¿Qué emoción se relaciona con el hígado según la Medicina Tradicional China?

La emoción tradicionalmente asociada al hígado es la ira, entendida en un sentido amplio que incluye rabia, frustración, irritabilidad, enfado contenido y resentimiento.

¿Por qué la Medicina Tradicional China relaciona el hígado con la ira?

Porque la tradición china entiende la ira como una emoción con un fuerte impulso hacia la acción. Cuando ese impulso queda contenido, se relaciona tradicionalmente con tensión, bloqueo y frustración.

¿Qué síntomas se relacionan con la ira y el hígado en la Medicina Tradicional China?

La MTC describe diferentes manifestaciones asociadas a este estado, entre ellas irritabilidad, tensión, suspiros frecuentes, alteraciones digestivas y sensación de presión o distensión corporal.

¿Qué relación existe entre el hígado y la frustración?

La frustración aparece cuando sentimos que no podemos avanzar, expresarnos o cambiar una situación. En la visión tradicional china, esta sensación de bloqueo se relaciona con el funcionamiento energético del hígado.

¿Puede el resentimiento afectar a nuestra forma de sentir el cuerpo?

Mantener una emoción durante mucho tiempo puede acompañarse de tensión, irritabilidad, cansancio y otras respuestas corporales. Observar cuándo aparecen puede ayudarnos a reconocer nuestra relación entre emociones y cuerpo.

¿Qué ocurre cuando dejamos de vivir desde la ira?

Podemos recuperar sensación de ligereza, claridad y capacidad para actuar. Desde la perspectiva tradicional china, dejar atrás el bloqueo permite recuperar movimiento y fluidez.

¿Cómo cuidar emocionalmente el hígado?

Aprender a expresar lo que sentimos, a poner límites, a decir que no, mover el cuerpo y revisar aquello que seguimos sosteniendo emocionalmente, sin realmente quererlo, son algunas formas sencillas de empezar a liberar esa carga.

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